por Wilson Castro. Trujillo.
Monseñor, ¿cuál es su reflexión
en torno a los trágicos hechos registrados en Bagua? Ya son más
de veinte los policías fallecidos y un número aún
no determinado de nativos.
Muy lamentable. Hemos hecho un comunicado conjunto con la defensora
del Pueblo, Beatriz Merino, sobre este hecho. Creo que ha llegado el
momento de que las partes en conflicto apuesten por la serenidad y la
calma.
¿Usted cree que esto se pudo evitar?
Lo que ha sucedido ha sido la crónica de un desenlace fatal
anunciado. Durante muchos años los pueblos amazónicos
han sido olvidados. Pero también considero que debemos tener
en cuenta la cosmovisión de estos pueblos. Nos estamos olvidando
de ello. Los indígenas, los nativos, piensan muy distinto a nosotros.
Lo que es beneficio para nosotros, para ellos es letal. Ellos defienden
el agua, la tierra, pues es la vida. Hay, pues, un problema de entendimiento.
Eso está fallando tremendamente.
La situación se desbordó. El gobierno perdió,
por momentos, el control de la situación.
Es urgente restablecer el Estado de Derecho. En circunstancias tan
graves, se debe pensar primero en el Perú, en el bien común.
En este marco, las autoridades no pueden imponerse a la voluntad de
un pueblo, ni un grupo puede poner en jaque al país. Se deben
poner en la línea media, equilibrada, para tratar fríamente
este conflicto.
¿Qué podría hacer el gobierno para detener
el conflicto?
No soy jurista, pero sugiero que en este momento el gobierno suspenda,
momentáneamente, la aplicación de los decretos rechazados
por las comunidades amazónicas. A partir de ello se puede abrir
una mesa de diálogo, pero una mesa directa, en la que estén
los representantes reales de estos pueblos que están en pie de
lucha.
¿A qué se refiere con representantes reales?
¿El señor Pizango no representa a los nativos?
No he dicho eso. El señor Pizango es uno de los representantes,
el que más aparece, pero me imagino que deben haber otros. Sin
descalificar a alguien, lo importante es abrir el diálogo con
otros representantes de la selva. Es importante que varios policías
hayan sido liberados. Ojalá se recuperen todos. Insisto en que
estos dispositivos deben suspenderse. Y por el lado de los nativos,
estos deben suspender su medida de lucha. La solución está
en manos de ambas partes.
Ambos lados tienen que ceder. Eso es indudable.
Así es. Además, deben haber interlocutores independientes.
La situación en Bagua está como cuando el nudo de una
cuerda se ajusta más. ¡Paremos ya eso! Son varias las vidas
humanas perdidas.
Monseñor, pero se tiene que determinar a los responsables...
Sí, de unos y de otros, pero –insisto– lo prioritario
es restablecer el Estado de Derecho, la calma, el orden, y volver a
dialogar con gente que esté dispuesto a ello.
Lamentablemente, aún hay entredichos de ida y vuelta
entre el gobierno y los nativos.
Eso debe terminar. No se debe azuzar a nada, ni a uno ni a otros. Está
en juego la vida de policías, nativos y pobladores. Muchas familias
sufren, muchos hogares han quedado huérfanos. El problema trasciende
ya lo político, lo social. Es existencial. Los pueblos amazónicos
son parte del Perú, no una isla. Debemos aprender a solucionar
los problemas de modo pacífico y dialogante. No hay otro camino.
Algunos sectores piden la renuncia del premier Yehude Simon
y de la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas.
Honestamente, no es el momento para señalar como responsables
a unos u otros. Insisto: frenemos los enfrentamientos y los derramamientos
de sangre, que el diálogo se retome pronto. De allí, poco
a poco se verá lo que suceda.
“Necesitamos comprender su visión del mundo”
Usted mencionaba que los pueblos amazónicos están
marginados desde hace tiempo, y que se necesita mayor presencia del
Estado en esos pueblos...
Claro. Ahora, hay que ser serios en reconocer que esto no es solo responsabilidad
de este gobierno. Hay justas demandas de los pueblos amazónicos
que vienen de tiempo atrás y no han sido atendidos, en salud,
educación, carreteras, luz, entre otros. Necesitamos escucharlos
y comprender su visión del mundo y la realidad.
El presidente del Poder Judicial denunció que ha recibido
presiones para ordenar la detención de Pizango. Esto exacerba
más los ánimos en los amazónicos.
He escuchado esa denuncia. Te repito que tenemos que ir a lo esencial
del problema, como es volver a la calma y al diálogo. Ambas partes
tienen que ceder.
¿Reitera, monseñor, su ofrecimiento de ser mediador
en este conflicto?
La Iglesia siempre ha estado dispuesta a colaborar, mucho más
en estas circunstancias cuando se trata de defender la vida humana.
Aquí no vale la expresión esa según la cual hay
ganadores y perdedores. Se trata, reitero, del Perú y del bien
común.
Fuente: Diario La República / pagina Web CEP.
Fecha: 8 de Junio de 2009